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jueves, 23 de marzo de 2017

Tránsito de Venus




TRÁNSITO DE VENUS


Puedo nacer en lo que dura un parpadeo, una quinta parte de un segundo. Cuando asomo arraso. Soy un coctel químico, un volcán, ósmosis u osmosis,  terremoto, empatía, un torrente de esperma, un ojo suave, el jugo de tu sexo, un cerebro anómalo, analgésico y cura, a veces reja y cárcel, y otras, tan libre como el aire de tus sueños.

         Soy contradictorio y adictivo. La luz de tus ojos, la noche más estrellada, tránsito de Venus, soy un verso, destello alquímico, mágico, tónico,  el aire de tu abanico.
También núcleo caudado, putamen, y sobre todo soy una palabra preciosa llamada limerencia.
Dicen que mi vida es corta, las últimas tendencias aseguran que vivo entre seis y dieciocho meses, que si duro más fallezco, o fenezco (ahora sonrío porque la esencia de la que estoy hecho me hacer ver el toque de gracia de las cosas graciosas), claro que a la naturaleza le importa un bledo la gracia, la limerencia y el putamen… la naturaleza solo quiere que me reproduzca, por eso revoluciona el cuerpo, euforiza a las hormonas, una oxitocina es algo más que una palabra eficaz y contundente.
Luego ya vendrá mi segunda etapa, cuando me vuelvo romántico, sensato y cuidadoso. En ellas, en las hembras de todas las especies, implanto el síndrome del nido… helas ahí por mi culpa, o por mi causa, eligiendo trocitos de ramas, entrecruzándolas para hacer un soporte seguro, buscando una casa confortable, telas color pastel para el nido, ventanas luminosas, y el mejor ginecólogo que puedan permitirse. La lujuria pasa a un segundo plano, el macho se siente relegado, y sin embargo, en el homo sapiens, hasta son partícipes: forman una familia, un núcleo humano, un vínculo afectivo, una rúbrica oficial, un nudo…, y  yo en el medio de todo eso sin saber aún por qué  lado decantarme, entre el cariño y un poco, o un mucho más tarde, el afecto, sucedáneo más duradero que la pasión inicial. Para lo bueno y lo malo, la enfermedad y la salud, para “los siempres de los siempres amén”.
Ahora estoy en el lado inverso del proceso, sin el cuerpo revolucionado, pletórico de tedio, la testosterona a punto de próstata, asomando el climaterio, o en la parte final del amor cuando  fenece de muerte natural o de indiferencia,  combatiendo   la desilusión con un poco de chocolate rico en feniletilamina.  Ellos se entretienen mirando con el rabillo del ojo a otras hembras y ellas, a otros posibles candidatos.
Cuando muero en pleno auge, en la cima de mí mismo, padeciendo de desorden, entonces, entonces, entonces… soy capaz de escribir los versos más tristes, las cartas de Eloisa y Aberlardo; en Verona  aquel trepador del balcón florido de una niña; en un convento Inés; Ofelia ahogada entre nenúfares; la casada infiel sin sus cuatro corpiños, y Dante enamorado de Beatriz en el acto, en una quinta parte de un segundo, en lo que dura un parpadeo.




13 comentarios:

  1. Oh l'amour! todo gira a su alrededor, somos esclavos de sus deseos. En este texto lo has desnudado mostrando sus intimidades. Un personaje caprichoso, imperativo y manipulador hasta el extremo de drogarnos para hacer lo que él nos dicta. Todo pasión al principio, hasta que se va apagando y queda... pues según los casos queda una cosa u otra, a veces incluso una prisión.
    Le has dado velocidad al texto, como si hubiera que leerlo con premura, muchos puntos y comas, frases cortas, el tiempo pasa, el amor viene y va, y el lector percibe esa sensación. Al final casi lo idealizas y lo elevas a su mayor expresión cuando se inmortaliza en la literatura universal.
    He tenido que buscar el significado de limerencia, parece un nombre de mujer de esos extraños que se ponían en los pueblos. Nunca te acostarás sin saber una cosa más, como dice el dicho.
    Ahora que has terminado con tu Lucía supongo que te veremos más en otras facetas, como es este caso. Siempre es un placer. Un abrazo.

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    1. Eso es lo que hay Jorge, los embates, luces y sombras de esa emoción llamada Amor con mayúsculas (no se si sobrevalorado), que nos da algunas alegrías pal cuerpo y el espíritu y algún que otro quebradero de cabeza. Tu lo has explicado mejor que yo.
      Fuera del "corsé" de Lucía puedo contar de otras maneras y modos.
      Muchas gracias por estar siempre ahí a pie de letra compañero.

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  2. Isabel.
    Espléndido tránsito. Un recorrido de repaso por las tribulaciones de la personificación del amor en clave masculina. Yo también tuve que buscar, como Jorge, la palabra limerencia y, además, algunas otras, con avidez, para comprender este texto hermoso, que navega por aguas literarias que oscilan entre el presente y la mitología. He disfrutado, una vez más, de la belleza enorme de tus letras.
    Un afectuoso abrazo.
    Ariel

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    1. Hola Ariel, pues aquí me tienes escribiendo con otros registros fuera de la novela que conoces, por un lado echo de menos a Lucía y por otro me siento liberada.
      Gracias como siempre por tus ánimos.
      Un abrazo desde el cariño.

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  3. Amor: sustantivo masculino, por lo tanto si es el hablante, lo debe hacer como un hombre. Menos mal que Venus es mujer, así también tenemos cabida nosotras.
    El texto me encantó, lírico y con un matiz irónico cuando lo requería.
    Mostraste todos los pasos del amor y sus formas, incluso la limerencia, que me gusta como palabra pero no en su significado (que también tuve que buscar).
    Felicitaciones, Tara, conocerte ha sido un grato descubrimiento.
    Besos.

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    1. Me alegra Mirella que hayas venido a leerme, ya he visto como escribes compañera, así que es un lujazo tenerte por aquí.
      Muchas gracias Mirella.

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  4. He sentido los vahídos del tránsito de Venus como si me hubiera afectado su sarampión. Qué texto más original. Como dice Jorge consigues un ritmo trepidante con esas frases cortas. Se nota bien el trabajo que hay detrás de cada una hasta llegar a esos amores literarios. Un beso, Isabel, y felicidades

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    1. jeje "los vahídos del tránsito de Venus" como aquellas románticas mujeres que había que darle agua del Carmen para despertarlas de los desmayos de amor.
      Gracias Anita. Hasta pronto.

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  5. Rotundo texto, no sé si relato, pero si un "pedazo" de escrito. Aparte de darme a conocer algún que otro término que desconocía, lo que me alegra, lo he visto un poco como una gran adivinanza. Creo que has tratado de una manera fluida todos los recovecos, contradicciones, luces y sombras de eso que llamamos Amor, o quizá Pasión. Sí, creo que es el amor apasionado el que toma voz y se manifiesta de esta manera tan brillante. Personalidad. Es lo que te he comentado en otro relato, es una gozada cuando el autor se esconde, se aparta del texto y deja que el mismo adquiera voz propia. Me encantó.

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  6. Los griegos llamaban "prosopón" a la máscara que sonaba o personaba a través de los actores...cuando dices "personalidad" trato de hacer eso precisamente, que suenen o resuenen los personajes que invento apartándolo de mi "yo"... lo que tu dices David, el autor se esconde y deja que suene, hable o se exprese el personaje. A mi lo que me encanta es tu comentario en relación con esto, que además, coincidimos.
    Dame tiempo y pronto iré a leer con calma, más entradas tuyas. Gracias de neuvo David.

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  7. Hola Isabel

    Ante todo, muchas gracias por todo. Tengo unas cuantas cosas tuyas pendientes, lo sé. Pero vayamos por partes (ya sabes que soy muy escrupuloso con el orden, ja, ja) Y por supuesto, después te contestaré al correo que me has mandado y a otras cosas.

    Ahora, lo que he hecho es leerme este estupendo relato tuyo sobre ese personajillo tan particular y que no hace más que bandearnos de un lado a otro, ja, ja

    Me gusta mucho el título, por cierto. “El tránsito de Venus”… Un lunar que le sale al sol y que como mucho, verás una vez en la vida (algunos ninguna, otros un par de veces, con suerte, aunque dicen que la primera es la que vale, ja) Has elegido una de las muchas definiciones que nos has regalado en todo el texto.

    Es magnífico el ritmo que has impuesto, con esas frases rápidas e ingeniosas, jugando con las palabras como el mismo Eros lo hace con nosotros. Me recuerda a las letras del gran Sabina. Como digo, un ejercicio de imaginación, ingenio y arte que solo un buen escritor/a consigue con el efecto adecuado. Y si de algo no me cabe duda es de tus cualidades como tal.

    Me gusta ese sentido del humor, tan sutil, que pones en tus textos (marca de la casa), propio de un estilo que ya te he visto en tu Lucía. Un ejemplo: “… ahora sonrío porque la esencia de la que estoy hecho me hacer ver el toque de gracia de las cosas graciosas, claro que a la naturaleza le importa un bledo la gracia…” Bueno, podría destacar un montón de cosas que me han gustado. Eso del “síndrome del nido”, ja, jaa, es genial (¿existe de verdad?... podría ser), esa descripción tan buena del “inverso del proceso” mencionando precisamente los conceptos que antes eran: revolución, pletórico, testosterona. Y el final, cómo no, que es lo que a nosotros nos importa, porque, propio o ajeno, perdido o encontrado, real o imaginado, platónico o sexual, cuantas páginas han y hemos escrito sobre ello, je, je

    Un placer, sin duda. Me encanta. Es perfecto

    Volverás a tener noticias mías, ja, ja

    Un beso grande

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    1. Sí que sabía lo del "lunar" en el sol, lo que no sabía es que ocurría tan pocas veces la trayectoria de Venus. Bueno...en la vida no ocurre demasiado a menudo que se nos cruce en el camino el dichoso amor, a veces lo confundimos con necesidad de él, pasión, etc...
      Lo del síndrome del nido solo tienes que fijarte en la naturaleza ¿tienes gatos o perros... unos dias antes de parir ya están buscando un sitio donde hacerlo?, nosotros, los humanos, somos más complicados, pero en el fondo hacemos lo mismo que los animales, sobre todo las "hembras"
      El sentido del humor es algo que no te falta a ti tampoco Isidoro, aunque soy muy rara...odio los chistes tipo omaíta... pero veo situaciones graciosas por doquier, (incluida mis propias tonterias)
      Me gustan mucho tus comentarios tan personales Isidoro.
      Un beso de los grandes grandes (sin lengua eh?)

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    2. Por cierto Isidoro... volvemos a coincidir en gustos, las letras de Sabina lo que más. ¿Tú estás seguro de llamarte sidoro Arias Valcárcel...? a ve si te vas a llamar Isabel Caballero...si no fuera por el bigote y la barba te parecerías mucho a mí, al menos en gustos, formas de ver la vida y escribir sobre ella.

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