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sábado, 15 de abril de 2017

La ventana de Jeremías





                                                    La ventana de Jeremías



Los habitantes del poblado de Agnitseral situado al sur de la isla atlántica de Orreihel, se despertaron la mañana del día de Gloria por lo inusual del silencio, y todos a una se asomaron al mar. Por primera vez desde hacía meses los rumores bajo él  cesaron.  La quietud  del océano  resultaba más temible aún que el sonido de los ya acostumbrados seísmos.
Todos recordaron aquella noche en que la tierra y el mar temblaron;  una luna rotunda y clara iluminaba el pequeño puerto rebosante    de vecinos asustados a medios vestir. Al amanecer, una  mancha verde, pequeña al principio,  apareció en el mal llamado “mar de la calma” que a las pocas horas abarcó  una larga franja costera.
Los sismógrafos detectaron una erupción volcánica, aún sin emerger, a cinco millas de la costa;  las recogidas de muestras confirmaron el diagnóstico de los vulcanólogos que plagaban la isla desde que comenzaron las posibles amenazas. Hasta los niños de la escuela enseguida aprendieron palabras nuevas como tremor, o piroclastos: conglomerados de cenizas, corales y sal que flotaban junto a las tortugas y a los cientos de peces muertos de todas clases, inclusos los que habitaban las profundidades marinas raras veces avistados.
        Cuando empezó a hervir el agua y el aire  olía a sulfuro,  las autoridades evacuaron  los pueblos costeros  de esa zona sur temiendo una pronta explosión. Las barcas, como una procesión mariana pero esta vez sin virgen que pasear, dieron la vuelta a la isla y se situaron en el espigón de la parte norte donde hubo algunas rencillas con los pescadores que ya ocupaban el lugar. Las barcas se tuvieron que abarloar las unas a las otras en previsión del mal tiempo o de algún posible maremoto.
              El alcalde de Orreihel  recomendó que los vecinos desalojados  anotaran los daños causados por los temblores. La señora Lebasi apuntó la vajilla destrozada,  antes de romperse la tenía expuesta en una vitrina de madera de teca y cristal a buen recaudo del polvo y de las pocas cuidadosas manos de sus revoltosos nietos…, ahora ya no podría presumir más de bohemia, y apuntó aumentando la docena: cristalería compuesta de tantas piezas de opalino rosado. El cabrero contó  las cabras que dejaron de dar leche, las que parieron mal y a destiempo y las ganancias que no obtuvo. Otro lugareño apuntó los huevos multiplicados por cien  de las gallinas ponedoras que dejaron de poner. Todo el que pudo reclamó algo roto o descompuesto.
Pronto, o muy pronto, emergería una columna de vapor de varios cientos de metros de altura, luego ascendería una enorme fuente de  blancos, grises y negros, una gigantesca cresta de gallo formada de gases y humos,  ¡todo un espectáculo!, así que Jeremías  se dispuso a sacarle rédito a su ventana, no había otra tan asomada al mar  como la suya, un aventajado otero por el que disputaban las televisiones insulares y hasta las del continente. Cuando reventara el volcán submarino  sacaría una buena tajada del asunto.
      Algunos tenían miedo, recordaban que sus abuelos ya hablaban de una profecía aciaga,  estaba grabado  en las piedras volcánicas del risco  con signos de los antiguos aborígenes: de una planicie de agua surgía una columna de destrucción, así lo signaba  la predicción gráfica. 
               El cura  esgrimía los evangelios, Mateo 24:3 ”Luego se fueron al monte de los Olivos, y los discípulos preguntaron al Maestro que cuando ocurrirían esas cosas, y cuales serían la señales de su venida, y Jesús le contestó que oirían rumores de fin del mundo, y habría hambre y terremotos en muchos lugares, el mar se levantaría cubriendo la faz de la tierra… todo eso sería apenas el comienzo de los sufrimientos de la humanidad”. Muchos rezaban y temían, y otros tenían puestas sus esperanzas en  que el seísmo los salvaría  de la miseria.
      La mañana de domingo de Gloria  el mar estaba tan tranquilo como una balsa de aceite, las burbujas se calmaron, de la mancha de azufre no había ni rastro.
                 Jeremías asomado a su precaria ventana avistó cómo un velero henchía sus telas al conjuro del alisio ajeno al volcán, ya calmado, que bulló durante meses con la misma efervescencia que hierve la avaricia.




15 comentarios:

  1. Espléndido relato, Isabel. Un cataclismo que conmociona a todo el poblado, Jeremías que emerge en forma de vapor desde el fondo marino para asomarse haciendo temblar la tierra y el océano. Fantásticas escenas de los hombres y mujeres que enumeran los daños causados, o los objetos perdidos, en este día en que todo se movió, fascinante e insólita demostración del poder de lo escondido, de lo que está abajo de la profundidad, más abajo que el fondo del mar y que viene a inquietar a estas gentes de la isla. Un cuento para dejar volar la imaginación en este ambiente marino y mágico, con ese velero que infla las velas. ¡Brillante historia que has pintado con el lujo de tu prosa!
    Un abrazo.
    Ariel

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  2. Este cuento tiene un base real, ocurrió en el año 2011, en la isla canaria d El l Hierro (yo lo he escrito al revés Orreih), hubo un seismo importante, durante meses hirvió el agua por la parte de La Restinga (Agnitseral) y efectivamente, vulcanólogos importantes, televisiones y científicos vinieron a la isla porque creían que iban a presenciar el nacimiento de una nueva isla (como así fue...un cono de tierra bajo el mar, un volcán, que no llegó a emerger). Me inspiré en este hecho.
    Como siempre Ariel, mil gracias por todas tus palabras, y por ser fiel a mis relatos. Un abrazo compañero.

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  3. Pues de un hecho que has vivido en primera persona nos dejas una moraleja sobre la codicia, primero en la actitud de los habitantes de la isla que se apresuran a sacar partido a la situación cuando se les da la oportunidad de apuntar sus pérdidas, llegando incluso a suponer lo que los animales han dejado de producir, o la señora acomodada que apunta su preciosa cristalera... pero sobre todo en la actitud de Jeremías que ve la manera de explotar su ventana aún cuando la situación es peligrosa y genera miseria para otras gentes, y en el que se adivina la decepción cuando todo se calma y la isla no salta por los aires.
    Por lo demás, resulta una lectura entretenida y con cierto grado de tecnicismo, más interesante aún al saber que se trata de un hecho real.
    Por cierto, según tengo entendido el volcán realmente temido ahí es el de la isla de La Palma, que según los expertos puede provocar el derrumbe de una ladera de la isla y generar un tsunami que arrasaría el atlántico. Esperemos que se quede sólo en una predicción. Un saludo Isabel.

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    1. Ya sabes que las Canarias son islas volcánicas... cualquier cosa puede pasar.
      Pues por aquí hasta había un debate sobre qué nombre poner a la "nueva isla" que se suponer que surgiría... ya muchos se estaban frotando las manos, los políticos sobre todo :)
      Un saludo Jorge, hasta pronto.

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  4. Es verdad, Isabel, sí que me acuerdo que lo vi en la tele. Pero tú lo has convertido en un relato apocalíptico, como las leyendas que corrían en el año mil sobre el fin del mundo que luego quedaban en nada. Y como se aprovechan algunos de esas situaciones en su propio beneficio. Un magnífico relato.

    Muchos besos

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    1. Fue muy sonado el acontencimiento, sobre todo por aquí, claro. Cada uno busca su inspiración en donde puede y como puede, a mi me dio para este cuento no tan cuento.
      Besos Ana y mil gracias.

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  5. Excelente, Isabel. Un estilo periodístico para plasmar un mensaje universal como es el apego del ser humano a sus propiedades. Desde luego fue una noticia espectacular a la par que preocupante por las consecuencias. Ese Jeremias desde luego sabe sacar provecho del Apocalipsis, je,je,je... Brillante. ¡Ah! Y el lenguaje técnico utilizado para referirse al fenómeno y al mundo naval demuestra trabajo de documentación. Un abrazo!

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    1. Hola David...sigo con tu libro, acabo de terminar TRANSFERENCIA y EDEN, ya te diré...
      Sobre mi cuento, gracias por tu comentario, lo traté en la faceta de la avaricia, desde la humildad, como lo trató el gran maestro Berlanga en "Bienvenido Mister Marshall"
      Nos vemos pronto David.

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  6. Como en toda tragedia, unos lloran y rezan, y otros venden oraciones y pañuelos. Pobre de Jeremías, es una pena que no tuviera en cuenta entre sus proyecciones de negocio el milagro del Domingo de Gloria. Jaja, mira si no será la avaricia tan peligrosa como un volcán en erupción...
    A algunos aborígenes habrá de hacerles gracia la forma en que son interpretados sus jeroglíficos; y ahora que lo pienso no hay libro más agorero que la biblia, ha de ser por eso que la gente se ancla a la religión tal si fuera su fuente de salvación. Aunque teniendo en cuenta los arrebatos de la naturaleza y el carácter destructivo de los seres humanos, no le sería difícil acertar en sus profecías.
    Me gusta la combinación de elementos del relato: la caprichosa naturaleza, la viveza de los pueblerinos en pugna con su afán supersticioso, los científicos dando su "buen ojo" al asunto, los medios haciendo de las suyas y los políticos siempre dejando promesas sin cumplir (que no se me escapa que el alcalde recomendó anotar los daños, mas no resarcirlos). Un bonito compendio de situaciones reales y atemporales, de lo mucho que se repiten, y que convocas de forma oportuna para acompañar el fin de la Semana Santa.
    Genial y entretenido texto, Tara. ¡Un abrazote! ;)

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    1. Da alegría Fritzy cuando alguien lee nuestros trabajos con atención y sobre todo, con comprensión, cerrando el circulo de escritor-lector.Gracias por leer como lees, estoy encantada de tenerte como compañera de blog.
      Un abrazo de los grandes y hasta muy pronto.

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  7. Por fin llegué, compañera.
    Pues tienes razón, este relato es más adecuado para Semana Santa, ja, ja. ¡Menuda fábula social! Y no falta ni uno de los personajes. Por cierto, que nada más que vi el nombre que le asignaste al pueblo, supuse que se trataba de La Restinga... Perdóname, pero poner el nombre del revés es un recurso bastante facilón, ja, jaaaa. Bueno, no te ofendas, que yo hago lo mismo (quizás por eso es que, cuando veo un nombre raro, lo primero que hago es leerlo al revés)
    ¿Jeremías no fue el profeta aquél que se dirigía a un pueblo que "tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye"? En este caso, a Jeremías no se le vio el oficio, ja, ja
    Bueno, en serio, me ha gustado mucho Isabel. Me parece un relato magnífico, lleno de ironía, de crítica social, de mensajes ocultos. Un buen vistazo y con sentido del humor, a esta humanidad nuestra que (a Dios rogando y con el mazo dando) reza: "Líbrame Señor de todo mal, pero primero... déjame disfrutarlo un poquito"
    Un placer estar por aquí Isabel.
    Por cierto, muy buenos esos términos marineros en el relato. Me gusta.
    PD: Me leí completa tu novela. Ufff. la envidia me está corroyendo por dentro por no haberla escrito yo, ja, jaaa. Bueno, en cuanto pueda te comentaré, pero te adelanto que me ha dejado un muuuy buen sabor de boca (no, no te preocupes, no me he comido los folios)
    Besos compañera

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    1. Bienvenido.
      ¡Anda... y yo pensado que poner los nombres del revés era original! me has pillao jeje
      Gracias Isidoro, me alegra que te haya gustado.
      Oye, que no hace falta que me comentes la novela, es muy pesado comentar una novela completa, lo importante es que la hayas leído. Hablando de novelas...tu serie de Lily da para un libro, seguro que al principio solo pensabas escribir un par de capítulos y mira por donde vas..., así que de envidia nada de nada, solo es ponerte, terminarla y ¡a publicar!
      Besos compañero, hasta muy pronto.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    3. Mujer, no te voy a hacer un comentario de veinte páginas, ja, ja. Pero al menos te enviaré un correo contándote lo que me ha parecido, lo que he sentido leyéndote y esas cosas. No es por compromiso, te lo aseguro (que también, pero del bueno), sino porque me apetece hacerlo. Así que, chitón
      Besos

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