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domingo, 25 de junio de 2017

La casa del francés







                            La casa del francés




   


     Las botellas vacías de absenta estorban el paso del notario y del forense que dan fe y avalan que sí, que ya no respira el cuerpo que pende del techo. Solo era un anciano maloliente que no se integraba, siempre escuchando la música de su país, gorgoritos existencialistas en erre que no casan nada con la calle soleada vecina al club de tenis. Las sombras alargadas de las palmeras alteran la luz radiante de la calle donde vivía el francés. A veces las pelotas saltan el muro y se quedan para siempre enredadas en la mimosa de empecinadas raíces que crece salvaje en el patio del arisco extranjero. Amarillo confuso de amarillo.
     Los del servicio social hicieron su aséptico trabajo con guantes y mascarillas  tirando a la basura la rúbrica de toda una vida. Después se fueron.
     El gato negro del francés acostumbrado al hoy no hay, sus costillas lo pregonan, se pasea por las cajas arrimadas al contenedor buscando a su viejo dueño. Asoma la cinta de la medalla al valor de cuando estuvo en Argelia defendiendo el honor de la Patri. Una vecina se lleva el gramófono, el escritorio desmadejado no, viven en él las polillas y también una domadora de pulgas.
     En la noche de San Juan rezo una oración por el alma del francés, crepitan en la hoguera los añejos recuerdos. Una llama crece, baila y encandila los ojos de quienes la miran, aquella silla que algún vecino condena es ahora una cruz gamada por culpa del capricho del fuego.
     Ésta mañana ha amanecido ventosa, el aire mueve las esquinas del cartel del “Se vende”.
     Sólo conservo del francés la fotografía de una bella mujer de cejas cinceladas que firma al pie, y un viejo disco que encierra la voz triste de una nostalgia rayado justo por donde se entona el à trois temps, à trois temps, à trois temps.











27 comentarios:

  1. Qué bien le va a tu relato la voz de la Piaf. La casa del francés sabe a melancolía desgarrada como sus canciones y dejan un rastro de tristeza al terminar. ¡Pobre francés! ¡Qué soledad transmite su muerte!

    Vengo observando la influencia que tiene la cultura francesa en lo que escribes, sus canciones, su literatura, aquí no pero en otros relatos sale por ahí el bueno de Proust, los existencialistas... Se nota que te gusta tanto como a mí.

    Un beso Isabel

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  2. Gracias Ana. El francés es mi segunda lengua, he vivido en el Sahara más de la mitad de mi vida, en Marruecos, Argelia y Melilla, y por otro lado los existencialistas vivían en la biblioteca de mi señor padre haciendo migas con los clásicos españoles (vecinos reconciliados al menos en literatura) jeje
    Había subido una parodia de la nariz de Quevedo que tengo en borrador, pero al final preferí este que escribí hace unos cuantos años por San Juan.

    Un beso Ana.

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  3. Toda una vida que se ha quedado anclada en los recuerdos almacenados en la casa donde pasó sus últimos años el francés, seguramente recordando mejores tiempos en los que la vida le sonreía. Pero que importa todo eso al notario, al forense, a los del servicio social, a la vecina... sólo están de paso por allí en el momento postrero, hacen su trabajo, recogen lo sobrante y se van, no ven más allá que la casa donde hasta hace nada vivía un viejo decrépito. Sólo la narradora es capaz de apreciar lo que la vieja morada esconde, lo que dice y lo que calla. Se respira nostalgia en este cuento tan visual y descriptivo.
    Un par de apuntes, si me lo permites, en el penúltimo párrafo se repite "el cartel" dos veces, supongo que es un error. En el último, yo prescindiría de la segunda "fotografía", con la firma al pie creo que se entiende.
    Muy adecuado por cierto este relato para la noche de San Juan, el fuego siempre tiene algo de mágico (si no es en un incendio forestal claro). Un beso.

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    1. Corregido los despistes, gracias Jorge.
      Lo de "domadora de pulga" es un guiño a la biografía de La Piaf, no se si real o, en parte, inventada por ella. Su abuela, me parece que la argelina, era domadora de pulgas en un circo.

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  4. Isabel, magnífico. Me han deslumbrado esa frases extensas que utilizas en las descripciones. Son como pinceladas muy largas que modelan las escenas maravillosas de los desechos de esta muerte. Me dio la sensación de que con el francés describes la desaparición de una época, como si su vida se la llevase consigo a la tumba, como un hundimiento de la casa con el dentro. Es que quedan tan solo hilachas de un mundo que ya se fue, perdido en el tiempo, en esa casa, o en el relato: la guerra en Argelia, la cruz gamada, el existencialismo, un viejo disco cantado en francés.
    Sentí lo mismo al escuchar la canción.
    Un texto espléndido.
    Ariel

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  5. Mis padres eran vecinos de un anciano francés que estuvo en la guerra de la independencia de Argelia. Era alcohólico a juzgar por la cantidad de botellas de su basura... Lo demás lo imaginé.
    Quise darle una pátina caduca, como bien habéis sabido ver tanto tú, como el compañero Jorge.
    Me alegra que te haya gustado Ariel.

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  6. Venía a comentar sobre la napia de Quevedo y me encuentro con el francés... Los dos me gustaron mucho, con sus diferencias.
    En este relato se percibe la vida solitaria de un hombre que se quedó en su mundo, siendo siempre el "extranjero" que rayó los discos en su idioma de tanta nostalgia por escucharlos.
    Muy bien descripto el ambiente de abandono y la falta de interés de los vecinos. Pobrecito el gato negro, tan solo como su dueño.
    Buenísimo, Tara.
    Abrazote, linda.

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  7. Al final me pareció más apropiado este para la noche de San Juan.
    Ya subiré el de la "napia", lo tengo en borrador.
    Gracias Mirella, y sí, se trata de una historia de abandono y desinterés, es verdad.
    ¡Abrazos guapa! Hasta pronto Mirella.

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  8. Un relato con un arranque que hace contener la respiración. Destaca ese contraste de muerte, soledad, abandono, marginación incluso en el medio aparentemente idílico en el que vivía el anciano francés. Lo corrobora el gato esquelético que se pasea tristemente por los recuerdos de un dueño que ya nada le puede dar. La descripción del ambiente es estupenda.
    Estupendo relato sobre un San Juan algo más melancólico.
    Un abrazo.

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    1. ¡Cómo me ha gustado tu comentario Sofía! Gracias.
      Otro abrazo para ti, me alegra tenerte como compañera de blog.

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  9. No quiero terminar así, de verdad que no. Cuando compré mi casa, una de las condiciones es que la compraba con todo lo que había dentro. Pasé una semana con el corazón en un puño tirando cosas de los ancianitos que la habían habitado y fotos de los que me habían vendido el piso, de cuando eran jóvenes.

    Es una de las cosas más tristes que he vivido.

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    1. No me extraña Holden que se te hiciera un nudo en la garganta, hasta los zorros tienen su corazoncito :)

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  10. Hola Tara!! El retrato del distinto es como una fotografía de la soledad en que el distinto vive y todo lo posterior, la actitud de los vecinos llevándose de sus cosas o quemando la silla, me pareció como un acto de borrar el último rastro, como una victoria sobre las diferencias de ese que "nunca se integró".
    Quemar la silla es tan simbólico de ese rechazo que me dolió por el desprecio que significa quemar algo: lo que se quema no vuelve nunca más, es la destrucción completa y yendo al imaginario colectivo, la destrucción completa de "lo que está mal (o del mal)". Me sale el bombero, pero es algo que veo mucho en los incendios intencionales: quemar es un daño más allá del daño.
    Y también, contrapuesta a la actitud de "la masa", la otra, la de reservarse una fotografía y un sonido, la presencia y la memoria.
    Me gustó mucho, amiga!!
    Un abrazo grande.

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    1. Tienes que pasarlo tú muy mal Simón en las noches de San Juan, supongo que para un bombero una hoguera no es sinónimo de renovación sino de destrucción.
      De tu magnífico comentario me quedo con el rechazo al "diferente" al "extranjero" al que no cuadra en la casilla de los homologados, uniformados y demás ados.
      Hablando de incendios, además del terrible de nuestro vecina Portugal, tenemos varios focos en el sur de España, sobre todo anoche los incombustibles bomberos no daban abasto, hacen mucho más que cumplir con su trabajo, ¡son...sois héroes!

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  11. Me ha gustado muchísimo el relato Tara (no sé si este es tu nombre =) ), hay tanta indiferencia hacia el raro extranjero que ni siquiera hay que mencionar su nombre, sólo ver si se puede hacer rapiña con lo que ha quedado.
    Me pregunto si tenías a alguien en mente al escribirlo, algún vecino quizá.
    Que me ha gustado mucho.
    Abrazos

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    1. Me llamo Isabel.
      Ya lo conté por ahí en algún comentario, la idea me la dio el vecino de mis padres aunque inventé casi todos los rasgos de él, salvo que era francés y que se ahorcó.
      Gracias Gildardo.

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  12. Qué buen retrato de ese ser solitario surge a través de esos objetos. La domadora de pulgas, un disco rayado y el pobre gato... Simples objetos que delinean una soledad incrustada en un alma.
    Me ha gustado mucho, Tara

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    1. ¡Qué bien qué te gustó! Gracias Mirna.

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  13. En verdad no casaban nada esos gorgoritos existenciales con la calle soleada o esa confusión amarilla ha hecho un muy buen contraste con el tono fúnebre del texto.
    No sé si es más latente la soledad que rodeó al hombre en la forma de su muerte o en la indiferencia e inmutabilidad que causó en quienes tuvieron contacto con él o sus pertenencias.
    Quiero pensar que quien posa en la fotografía es la misma que la mira, así me queda la impresión de que no únicamente el gato negro, y no solo porque no tiene más que vestir, le guardará luto al francés. Buen relato en que la nostalgia, rayada o no, seguirá sonando. ¡Un abrazote, Tara! ;)

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  14. El "amarillo confuso de amarillo" lo puse porque las pelotas de tenis del cercano club al caer en la mimosa de la casa del francés se confundían con las ramas del árbol y no se distinguían. Pero además Fritzy, el color amarillo era un emblema simbolista en la solapa de los romanticistas; los existencialistas y ácratas usaban el color negro, la misma Piaf vestía siempre de negro. Y hablando de literatura francesa no podemos olvidar "El rojo y el negro" de Stendhal. Pero vamos, que usé el amarillo por las pelotitas.
    Un abrazo Fritzy...voy a "verte" en un rato.

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  15. Un relato rotundo donde aparecen muchos temas que el lector, o sus propios demonios, se encarga de priorizar. Para unos puede ser la soledad, para otros el paso del tiempo, la nostalgia... Yo me quedo con el punto más existencial, mientras vivimos creamos un universo a nuestro alrededor, como si los objetos que nos rodearan se impregnaran de nosotros. Pero ese universo desaparece de un plumazo con nuestra muerte, de repente esas cosas pierden su sentido, su función, su valor. Y entonces como nuestra vida van desapareciendo lentamente, porque en sí no morimos cuando dejamos de existir, lo hacemos cuando no quede ni un solo recuerdo nuestro en el mundo. La muerte solo inicia ese camino al olvido.
    Bueno, ya se me va la pinza divagadora. Excelente texto, Isabel!
    ¡Ah! Veo que ese fondo amarillo en el texto. Si quieres que no aparezca deberías eliminar el formato en la entrada editada en el blog. A veces, cuando copiamos directamente nuestro texto en la edición del blog arrastra información extra que es la que provoca ese fondo.
    Un abrazo!

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  16. Tus comentarios, y no solo a mis relatos, siempre son interesantes David. Totalmente de acuerdo que morimos cuando nos olvidan, creo que lo he dicho en algún momento.
    Sobre el fondo amarillo (me persigue el amarillo), en los aspectos técnicos soy un verdadero desastre, me da miedo que si elimino algo del formato de la entrada termine por borrar el blog y mandarlo "al carajo" con perdón...ya hace unos dias borré todos los enlaces de vuestros blogs y si no me llegan a ayudar aún estaría perdida vagando por el espacio virtual. ¡Uf!
    Muchas gracias David, por venir, leer y comentar como lo haces, un abrazo y hasta pronto.

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    1. Tranquila que eso no puede suceder, simplemente selecciona todo el texto y dale al icono con una T y una equis roja. El texto pierde el formato y te quedarán unas letras chiquitas pero luego lo arreglas con las opciones de edición de blogger.
      Un abrazo!

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    2. Voy a intentarlo... a ver si no explota algo :)

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    3. ¡Anda! pues funciona...ni me había fijado en la T con la x roja. El problema que veo ahora que solo hay 3 formatos de letras, pequeña, grande y mediana, pero bueno...está mejor que antes.
      Gracias compañero.

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  17. Es algo complicado, Tara, esperar que sea ortodoxo, no sé cómo serlo, por eso hago asociaciones que pueden parecerte extrañas cuando intento decirte que me ha gustado mucho tu relato, que has logrado comunicar muchas sensaciones intensas y desoladoras en un palmo de terreno, que hay denuncia de dolor que no se explica y un canto amargo a la soledad de nuestros días. En un primer momento se me ha venido a la mente "A most peculiar man" de Simon & Garfunkel; un hombre muy raro. Tanto el neoyorquino como el Francés determinan que hasta aquí hemos llegado después de haber erigido con su aislamiento un monumento a la incomunicación y haberse convertido en mártires de ella. Al menos al Francés le quedaba la música y la compañía del gato.

    Excelente relato, Tara. No deja de sorprenderme la diversidad temática en la que te desenvuelves con acierto.

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  18. A mi me parece, Francisco, que entiendo o intuyo lo que dices sobre las asociaciones personales, creo que hay algunos escritos que son detonantes y "pescan" otros recuerdos que pueden ser personales, experiencias de vida, lecturas, canciones, sensaciones.

    Soy muy torpe explicando lo que escribo, creo que deberían expresarse por ellos mismo, pero hay determinadas personas, entre las que te encuentras, con el que es un gusto "conversar".

    Muchas gracias Francisco. Hasta pronto.

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