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miércoles, 23 de agosto de 2017

María





                                                                  María 




     Escribo de medio lado, tocada de ala, como sin querer queriendo, dudosa de cómo asir su esencia porque es, era, inaprensible, y aunque a veces, las más, fue luz, a veces también fue sombra.
     No es fácil hablar de ella. Más que estrecho, puente; más remo que rémora; más acción que facción, fáctica amiga libertaria y resuelta.
     Mi madre me preguntó si diría unas palabras en su funeral. Le dije que no, que no podía, que las dijera su hermano Fernando.
     — Roguemos por el alma de María del... —pronunció el cura su nombre completo y sus dos apellidos. La imaginé a mi lado escuchando el oficio, una ceja ligeramente más alzada que la otra. A su manera.
     — Dale Señor a tu sierva el eterno descanso, que la luz perpetua la ilumine.
     Fer se balanceaba apoyándose en un pie, luego en el otro, la mandíbula apretada marcando huesos. Recordé que de pequeño padecía de bruxismo, sus dientes rechinaban sobre todo cuando dormía, su hermana y yo nos burlábamos de él con el cruel retintín de chino rechino de la Ferechina. Una vez, por este motivo, le dio tal empujón a María y con tan mala suerte que le abrió la cabeza al caer hacia atrás, tuvieron que darle puntos de sutura, nunca le volvió a crecer el pelo en una zona de unos cinco centímetros cerca de la coronilla, sabía disimularlo con alguna horquilla..., ella lo llamaba su tercer ojo, decía que desde ahí, o por ahí, podía leernos el pensamiento. Lo cierto es que nunca dudé de su capacidad intuitiva para saber lo que sentíamos todos.
     Fer hacía lo imposible para mantenerse erguido, de manera casi aséptica disertaba sobre lo grande que era su hermana enumerando logros, aptitudes, múltiples capacidades. Una estrategia para no derrumbarse.

     —Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. 
     Con la mente en blanco, aguantando el tipo, escuché como el cura desvirtuaba a mi amiga.
     De María tengo guardados todos los momentos, cada uno de ellos, incluso los amargos, y un precioso anillo de aguamarina. Al poco tiempo lo llevé al joyero para que lo acortaran. Mi dedo mide, según la tabla de equivalencias de medir anillos, un 14, el de ella un 16, no sabía que su anular midiera 2 milímetros más que el mío. No sabía que la última vez que la vi fue la última definitiva de las veces. No sabía que respirar sin ella fuera tan difícil. No lo sabía.
     El Kirye Eleisón se elevó por encima del púlpito adosado a uno de los cuatro pilares alcanzando la cúpula central. Cristo ten piedad, clamaban los fieles. María reverberada en los muros, en el ábside, en los contrafuertes, las vidrieras soplaban Marías.

27 comentarios:

  1. Así es, así como bien describes, nuestra mente recuerda momentos aparentemente triviales en su momento y tajantemente profundos e irremediables ahora, mientras trivialidades rituales sin sentido irrumpen con su nada que ver.

    Hasta siempre, María. el Grumete

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    1. ...con su nada que ver, eso es Lobo.
      María no se ha ido del todo, forma parte de la memoria de quienes la queríamos.
      Hasta pronto Grumete.

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  2. ¡Puff! Se me ha puesto la carne de gallina, Isabel. Cuánto sentimiento. Qué bien has narrado una historia de amistad hecha de momentos aparentemente insignificantes pero que se quedan clavados en el corazón. Un beso

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    1. Es un escrito intimista y personal que quise compartir en este su aniversario.
      Un beso Anita.

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  3. Lo curioso de la muerte es que nunca la esperamos. Creemos que sí, pero en realidad se nos olvida siempre. Es por ello que, cuando llama a la puerta de un amigo, familiar, ser querido, nos sorprendemos tantísimo al descubrirla. Así es como de repente nos vienen esos momentos puntuales, esas horas concretas que no tienen por qué ser tan especiales. Simplemente reaparecen para hacernos echar de menos lo rutinario. Qué curioso.
    Puedo sentir a la narradora, en medio de la ceremonia religiosa, de ese canto celestial, dándose cuenta de que María ya no los escucha.
    Un gusto leerte de nuevo.
    Un abrazote, Tara.

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    1. La verdad es que no nos preparan para afrontar la muerte, más aún si es inesperada.
      Un abrazo María, espero que hayas disfrutado de tu viaje.
      Hasta pronto.

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  4. Un texto que llega muy profundo porque describe con detalles mínimos cómo la narradora intenta aferrarse a recuerdos, a esos momentos compartidos, en una ceremonia cuya liturgia le es cada vez más ajena, porque va borrando, con frases que nada tienen que ver con ella, a su amiga del alma.
    Muy bueno, Isabel.
    Un abrazo grandote.

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    1. Las liturgias y ritos religiosos pueden ser un consuelo para las personas que profesan y procesan una determinada fe, para los escépticos es un compromiso y un adiós social.
      Un abrazo fuerte y hasta muy pronto Mirella.
      Gracias a todos por vuestras lecturas.

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  5. Hola Tara!! Parece un texto que va despacio, pero es muy intenso y me parece a mí que es por el tema que trata y por la forma en que lo trata. Es como si a partir de mirar otros detalles dentro de la ceremonia, la protagonista fuera dejando ir, aceptando la ausencia, borrando lentamente la presencia.
    Un abrazo grande!!

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    1. ¡Qué bien lo has traducido Simón! Es así.

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  6. Es un relato muy íntimo Tara, muy lindo, de perder a alguien muy cercano con quien se ha vivido tanto. Qué podría decir el sacerdote sobre un muerto a quien no conoció, sólo lugares comunes que no le significan nada a la gente del difunto.
    Y los recuerdos siempre están ahí.
    Abrazos Tara.

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    1. Hola Gildardo, gracias por venir a leer. Es verdad lo que dices de los recuerdos ¿sabes la enfermedad que a mí me parece la más triste de todas...?, cuando se pierde la memoria, entonces ya la vida no tiene sentido. Los recuerdos y la memoria conforma nuestra vida.
      Un abrazo.

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  7. Cuánto amor debe haber sentido la narradora por su amiga, que apenas enuncia los cantos del funeral, solo lo hace como sustento, como una segunda estructura intercalada en el relato. Así es que el ruego del cura al inicio de la ceremonia palidece entre los recuerdos mundanos que ella conserva de la amiga resuelta. Y luego la “recomendación del alma” que hace el sacerdote celebrante apenas cuenta para dar paso al “elogio” del hermano de María previsto en la liturgia. Aquí, en la parte central de la historia, los recuerdos terrenales destacan llenando el ámbito solemne. Luego, el Santo Hosanna se tropieza con los pensamientos terrenales, de la que, con la mente en blanco, recuerda, como tratando de que no se le escapen los momentos con María, que hasta le cuesta respirar sin ella. Y al final el canto gregoriano funde los dos ámbitos, el sacro celestial y el emotivo terrenal, y con ambos se va María hacia la altura de la cúpula. Isabel, este cuento tiene una belleza exquisita que envuelve los sentimientos que enlazan a ambas mujeres. Es hermoso.

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    1. Siento algo muy parecido a la felicidad cuando un lector sensible entiende con exactitud el sentimiento que pretendo transmitir. Gracias querido Ariel.
      Gracias a todos, compañeros.

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  8. Me has encantado con el sabor que le pones a tus letras

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  9. Recomenzar, Betty, muchas gracias. Saludos.

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  10. Mientras te leía venía pensando que el Ave María antes que el Kirye Eleisón la hubiera inmortalizado mejor, pero luego estuve segura de que María ya había sabido de sobra perpetuarse y hacerse imborrable. Qué mejor manera que escribir para asir de algún modo su esencia y dejarte tocar por su recuerdo, y es muy bonito el modo en que lo has hecho. ¡Abrazotes, Tara! ;)

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  11. ¡Madre mía Fritzy! ¡Menuda panzada te has pegado leyéndome!
    Gracias compañera...ahora te contesto a todos.
    Sobre este...mira que pensé que el Ave María como que casaba más, incluso busqué como acompañamiento musical el Ave María de Shubert... pero al final pensé que iban a ser demsido incidente y demasiadas Marías juntas.
    Un abrazo de los grandes Fritzy.
    Gracias.

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  12. Muy buen relato,Tara, conoces esto, sabes de qué va, creo que tienes capacidad para crear el espíritu de los personajes en apenas unas páginas, y eso es algo digno de admirar. Por supuesto que he sentido tristeza por la pérdida de María.

    Un abrazo.

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  13. Gracias Francisco, que un poeta sensible como tú aprecie lo que escribo me hace feliz. Gracias compañero.

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  14. Por segunda vez consecutiva destaco una frase en uno de tus cuentos "No sabía que respirar sin ella fuera tan difícil". Al final es la sensación que nos queda tras una pérdida, esa sensación de vacío con la que sabemos que ya nada será lo mismo. Los defectos se enmpequeñecen y las virtudes se ensalzan, y al final todo en la iglesia se transforma en un pedazo de María, una María ajena al ritual con el que a todos nos despedirán algún día de este mundo. Bicos.

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  15. Creo que si tuviera que condensar la emotividad de la ausencia con una sola de las frases, elegiría esa.
    Gracias de nuevos Jorge. Besos.

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  16. Oh qué bonito Tara aunque muy triste, cuanta emoción hay en tus letras. Nunca se acaban de ir mientras se recuerdan pero triste consuelo porque como cuesta perder a aquellos a los que se quiere.
    Einaudi me encanta y escucharlo mientras te leía me ha sumergido en un ambiente íntimo y delicado.
    Besos

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  17. Si que es triste Conxita.
    Muchos besos compañera.

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  18. Un bello recuerdo, una terrible e irremediable pérdida.

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  19. Así es.
    Gracias de nuevo compañero viajero.

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